Percepción y
elección
1. En la medida en que atribuyas valor a la culpabilidad, en esa misma
medida percibirás un mundo en el que el ataque está justificado. En la medida
en que reconozcas que la culpa no tiene sentido, en esa misma medida percibirás
que el ataque no puede estar justificado. Esto concuerda con la ley fundamental de la
percepción: ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres
que lo esté. La percepción no está
regida por ninguna otra ley que ésa. Todo lo demás se deriva de ella, para
sustentarla y darle apoyo. Ésta es la
forma que, ajustada a este mundo, adopta la percepción de la ley más básica de
Dios: que el amor crea amor y nada más que amor.
2. Las Leyes de Dios no pueden gobernar directamente en un mundo
regido por la percepción, pues un mundo así no pudo haber sido creado por la
Mente para la cual la percepción no tiene sentido. Sus Leyes, no obstante, se ven
reflejadas por todas partes. No es que el mundo donde se ven reflejadas sea
real en absoluto. Es real solo porque Su Hijo cree que lo es, y Dios no pudo
permitirse a Sí Mismo separarse completamente de lo que Su Hijo cree. Él no
pudo unirse a la demencia de Su Hijo, pero sí pudo asegurarse de que Su Cordura
lo acompañara siempre, para que no se pudiese perder eternamente en la locura
de su deseo.
3. La percepción se basa en elegir, pero el Conocimiento no. El
Conocimiento está regido por una sola ley porque solo tiene un Creador. Pero
este mundo fue construido por dos hacedores que no lo ven de la misma manera. Para
cada uno de ellos el mundo tiene un propósito diferente, y es el medio perfecto
para apoyar el objetivo para el que se percibe. Para aquel que desea ser
especial, es el marco perfecto en el que manifestar su deseo: el campo de
batalla perfecto para librar sus guerras y el perfecto refugio para las
ilusiones que quiere hacer reales. No hay ninguna ilusión que en su percepción
no sea válida ni ninguna que no esté plenamente justificada.
4. El mundo tiene otro Hacedor, el Corrector simultáneo de la creencia
desquiciada de que es posible establecer y sostener algo sin un vínculo que lo
mantenga dentro de las Leyes de Dios, no como la Ley en sí conserva al universo
tal como Dios lo creó, sino en una forma que se adapte a las necesidades que el
Hijo de Dios cree tener. No obstante, error corregido es error eliminado. 3 Y
de este modo, Dios ha seguido protegiendo a Su Hijo, incluso en su error.
5. En el mundo al que el error dio lugar existe otro propósito porque
el mundo tiene otro Hacedor que puede reconciliar el objetivo del mundo con el
propósito de Su Creador. En Su
percepción del mundo, no hay nada que no justifique el perdón y la visión de la
perfecta impecabilidad; nada que pueda
ocurrir que no encuentre perdón instantáneo y total ni nada que pueda
permanecer un solo instante para empañar la impecabilidad que brilla inmutable
más allá de los fútiles intentos del especialismo de expulsarla de la
mente—donde no puede sino estar—e iluminar el cuerpo en su lugar. Los luceros
del Cielo no son para que tu mente elija dónde los quiere ver. Si elige verlos
en otra parte que no sea su hogar, como si estuvieran arrojando su luz sobre un
lugar donde jamás podrían estar, entonces el Hacedor del mundo tiene que
corregir tu error, pues de otro modo te quedarías en las tinieblas, donde los
luceros no están.
6. Todo aquel que se encuentra aquí ha venido a las tinieblas, pero
nadie ha venido solo ni necesita quedarse más de un instante. Pues cada uno ha
traído la Ayuda del Cielo consigo, lista para liberarlo de las tinieblas y
llevarlo a la luz en cualquier momento. Esto puede ocurrir en cualquier momento que él
decida, pues la ayuda está aquí, esperando tan solo su decisión. Y cuando
decida hacer uso de lo que se le dio, verá entonces que todas las situaciones
que antes consideraba como medios para justificar su ira se han convertido en eventos
que justifican su amor. Oirá claramente que las llamadas a la guerra que antes
oía son realmente llamamientos a la paz. Percibirá que lo que antes atacó no es
sino otro altar en el que puede, con la misma facilidad y con mayor dicha,
conceder perdón. Y reinterpretará cualquier tentación simplemente como otra
oportunidad más de ser feliz.
7. ¿Cómo podría ser que una percepción errónea fuese un pecado? Deja
que todos los errores de tus hermanos sean para ti solo una oportunidad más de
ver las obras del Ayudante que se te dio para que vieras el mundo que Él
construyó en vez del tuyo. ¿Qué puede estar entonces justificado? ¿Qué es lo
que quieres? Pues estas dos preguntas son la misma pregunta. Y cuando hayas
visto que son la misma, habrás tomado una decisión. Pues ver ambas preguntas como una sola es lo
que te libera de la creencia de que hay dos maneras de ver. Este mundo tiene mucho que ofrecerle a tu paz
y son muchas las oportunidades que te brinda para extender tu perdón. Tal es el
propósito que encierra para aquellos que desean ver la paz y el perdón
descender sobre ellos y ofrecerles la luz.
8. El Hacedor del mundo de la mansedumbre tiene absoluto poder para
contrarrestar el mundo de violencia y odio que parece interponerse entre Su
mansedumbre y tú. Dicho mundo no existe ante Sus ojos indulgentes. Y por lo
tanto, no tiene por qué existir ante los tuyos. El pecado es la creencia fija
que lo percibido no puede cambiar. Lo que ha sido condenado está condenado para
siempre, al ser eternamente imperdonable. Si entonces se perdona, quiere decir
que tuvo que haber sido un error percibirlo como un pecado. Y es esto lo que hace
que el cambio sea posible. El Espíritu Santo, asimismo, sabe que lo que Él ve
se encuentra mucho más allá de cualquier posibilidad de cambio. Pero el pecado
no puede inmiscuirse en Su visión, pues ha quedado corregido gracias a ella. Por
lo tanto, tuvo que haber sido un error, no un pecado. Pues lo que el pecado
afirmaba que nunca podría ocurrir, ha ocurrido. El pecado se ataca con
castigos, y de esta manera se perpetúa. Mas perdonarlo es cambiar su estado, de
manera que de ser un error pase a ser la verdad.
9. El Hijo de Dios no puede pecar, pero puede desear lo que le haría
daño. Y tiene el poder de creer que
puede ser herido. ¿Qué podría ser todo esto sino una percepción falsa de sí
mismo? ¿Y es esto acaso un pecado o simplemente un error? ¿Es perdonable? 6
¿Necesita él ayuda o condenación? ¿Es tu propósito que se salve o que sea
condenado? No olvides que lo que decidas que él es para ti, determinará tu
futuro. Pues estás construyendo tu futuro ahora: el instante en el que todo el
tiempo se convierte en un medio para alcanzar cualquier objetivo. Elige, pues,
pero reconoce que mediante esa elección se elige el propósito del mundo que
ves, el cual se justificará.
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