La perfidia de
creerse especial
1. Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el
amor nunca las hace. Creerse especial siempre conlleva hacer comparaciones. Pues
se establece al ver una falta en otro, y se perpetúa al buscar y mantener
claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. Esto es lo que persigue
el especialismo, y esto es lo que contempla. Y aquel a quien tu deseo de ser
especial de este modo menosprecia, habría sido tu salvador si no hubieras
elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. Frente a la pequeñez que ves en él, tú te
yergues alto y majestuoso, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. No entiendes
que al hacer eso es a ti a quien menosprecias.
2. Tratar de ser especial es siempre a costa de la paz. ¿Quién podría
atacar y menospreciar a su salvador y al mismo tiempo reconocer su fuerte
apoyo? ¿Quién podría menoscabar su omnipotencia y al mismo tiempo compartir su
poder? ¿Y quién podría usarlo como medida de la pequeñez y al mismo tiempo liberarse
de toda limitación? Tienes una función que desempeñar en la salvación. Realizarla
te brindará felicidad. Pero tratar de
ser especial siempre te ocasionará dolor. Pues es una meta que se opone a la salvación
y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios. Atribuir valor a ser
especial es apreciar una voluntad ajena, para la cual las ilusiones acerca de
ti son más importantes que la Verdad.
3. Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. Sin esa base no
es posible ni siquiera imaginarse el pecado. Pues el pecado surgió de ella, de
lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. He
aquí al que se ha erigido a sí mismo en “salvador”, el “creador” que crea de
forma diferente a como crea el Padre, y el que hizo que el Hijo de Éste fuera
como él y no como su Padre. Sus hijos “especiales” son muchos, nunca uno solo,
y cada uno se encuentra exiliado de sí mismo y de Aquel de Quien forma parte. Ninguno de ellos ama la Unicidad que los creó cual uno solo con Él. Eligieron
el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente
en el pecado para mantenerlo “a salvo” de la Verdad.
4. Tú no eres especial. Si crees que lo eres y quieres defender tu
especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder
conocer la Verdad? ¿Qué respuesta del Espíritu Santo podría llegar hasta ti,
cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta
y lo que responde? Tan solo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni
siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye
eternamente desde Dios a ti. Y este colosal himno de honor que amorosamente se
te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el “poderío”
de tu especialismo. Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido y,
sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te resulta insonora.
5. Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que habla
en favor de Dios a su lado, pues hablan diferentes idiomas y llegan a oídos
diferentes. Para todo aquel que se cree especial la verdad tiene un mensaje
diferente y un significado distinto. Sin embargo, ¿cómo podría ser que la
verdad fuese diferente para cada persona? Los mensajes especiales que oyen los
que se creen especiales les convencen de que ellos son diferentes y de que son
algo aparte, cada uno con sus pecados especiales y “a salvo” del amor, el cual
no ve su especialismo en absoluto. La visión de Cristo es su “enemigo”, pues no
ve aquello que ellos quieren ver y porque les mostraría que el especialismo que
creen ver es una ilusión.
6. ¿Qué podrían ver en su lugar? Podrían ver el brillante fulgor del
Hijo de Dios, tan semejante al de su Padre que el recuerdo de Éste alborearía
de inmediato en sus mentes. Y con ese recuerdo el Hijo recordaría sus propias
creaciones, que son tan semejantes a él como él es semejante a su Padre. Y el
mundo que construyó, así como su deseo de ser especial y todos los pecados que
en defensa de ese deseo albergó contra sí mismo, desaparecerían conforme su
mente aceptase la verdad acerca de lo que él es y retornase para ocupar el
lugar que aquéllos ocupaban. Éste es el único “costo” de la Verdad: jamás
volverás a ver lo que nunca tuvo lugar ni a oír lo que no tiene sonido. ¿Es
acaso un sacrificio renunciar a lo que no es nada y recibir a cambio el Amor de
Dios para siempre?
8. Piensa en la hermosura que verás dentro de ti cuando lo consideres
tu amigo. Él es enemigo de tu deseo de ser especial, pero amigo de lo que es
real en ti. Ni uno solo de los ataques que pensaste haber lanzado contra él lo
ha despojado del regalo que Dios quiere que te dé. Su necesidad de dártelo es
tan imperiosa como la tuya de recibirlo. Permítele que te perdone tu deseo de
ser especial, y que restaure la plenitud de tu mente y te haga uno con él. Él
está en espera de tu perdón, pero únicamente para poder devolvértelo a ti. No
fue Dios Quien condenó a Su Hijo, sino tú, para salvar su especialismo y matar
a su Ser.
9. Has llegado muy lejos por el camino de la verdad, demasiado lejos
para titubear ahora. Un paso más, y todo vestigio del temor a Dios quedará
disuelto en el amor. El deseo de ser especial de tu hermano y el tuyo son
enemigos, y en su mutuo odio están comprometidos a matarse el uno al otro y a
negar que son lo mismo. Mas no han sido ilusiones las que han llegado hasta
este último obstáculo, el cual parece hacer que Dios y Su Cielo estén tan lejos
que no se pueden alcanzar. Aquí en este santo lugar se alza la verdad esperando
para recibiros a tu hermano y a ti en silenciosa bendición y en una paz tan
real y abarcadora que nada queda excluido. No traigas ninguna de las ilusiones
que abrigas acerca de ti mismo a este lugar, al que vienes lleno de esperanza y
honestidad.
10. He aquí el que te puede salvar de tu deseo de ser especial. Él
tiene tanta necesidad de que lo aceptes como parte de ti, como tú de que él te
acepte a ti. Eres tan semejante a Dios como Dios lo es a Sí Mismo. Dios no es
especial, pues no se quedaría con ninguna parte de lo que Él es solo para Sí,
negándosela a Su Hijo y reservándola solo para Sí Mismo. Y esto es lo que tú
temes, pues si Él no es especial, entonces Su Voluntad dispuso que Su Hijo
fuera como Él y, por lo tanto, tu hermano no puede sino ser como tú. No es
especial, pero lo tiene todo, incluyéndote a ti. Dale solo lo que ya es suyo, y
recuerda que Dios se dio a Sí Mismo a ambos con el mismo amor para que ambos
pudierais compartir el universo con Él, Quien dispuso que el amor jamás pudiese
ser dividido ni mantenerse separado de lo que es y ha de ser por siempre.
11. Tú eres la parte de tu hermano que no se le negó a él. ¿Cómo iba a ser que tú perdieras algo porque él esta completo? Lo que se
le ha dado a él es lo que hace que tú seas íntegro, y lo que hace que él sea
íntegro también. El Amor de Dios te dio tu hermano a ti y a ti a él porque el
Padre se dio a Sí Mismo. Lo que es igual a Dios es uno con Él. Y ahora que
finalmente tienes la esperanza de paz a la vista, solo el deseo de ser especial
podría hacer que el hecho innegable de que tú y tu Padre son Uno pareciera ser
todo menos el Cielo.
12. El deseo de ser especial es el sello de la traición impreso sobre
el regalo del amor. Todo lo que apoya sus propósitos no tiene otro objetivo que
el de matar. Todo regalo que lleve impreso su sello no ofrece otra cosa que
traición al que lo da y al que lo recibe. Ni una sola mirada de los ojos que él
ciega deja de contemplar escenas de muerte. Todo aquel que cree en su poder no
hace sino transigir y hacer concesiones para establecer al pecado como
substituto del amor y servirle fielmente. Y toda relación que tenga el
propósito del pecado en gran estima no hace sino aferrarse al asesinato como
arma de seguridad y como el protector supremo de todas las ilusiones contra la
“amenaza” del amor.
13. La esperanza de ser especial hace que parezca posible que Dios
hiciera el cuerpo para que fuese la prisión que mantiene a Su Hijo separado de
Él. Pues el especialismo requiere un lugar especial donde Dios no pueda entrar
y un escondite donde a lo único que se le da la bienvenida es a tu
insignificante yo. Nada es sagrado aquí, excepto tú y solo tú: un ente aparte y
separado de todos tus hermanos; a salvo de cualquier intrusión de la cordura en
las ilusiones; a salvo de Dios, pero destinado al conflicto eterno. He aquí las
puertas del infierno tras las cuales tú mismo te encerraste para gobernar en la
demencia y en la soledad tu reino especial, separado de Dios y alejado de la
verdad y de la salvación.
14. La llave que tú tiraste Dios se la dio a tu hermano, cuyas santas
manos quieren ofrecértela cuando estés listo para aceptar el plan de Dios para tu
salvación en vez del tuyo. ¿Cómo puedes llegar a estar listo, salvo
reconociendo toda tu abyecta desdicha y dándote cuenta de que tu plan ha
fracasado y de que jamás te aportará ninguna clase de paz o felicidad? Ésta es
la desesperación por la que ahora estás pasando, pero no es más que una ilusión
de desesperación. La muerte de tu especialismo no es tu muerte, sino tu
despertar a la vida eterna. No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres
a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó.
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